Tengo dos amigos a los que sin duda aprecio muchísimo, que tristemente, siempre que nos reunimos debaten la cultura que se hace en Guerrero, que por esto o aquello no se considera como tal, que no hay artistas que provean con su talento una palabra de tan fuerte connotación, que quiénsabe en qué solvento una sección en un diario porque cultura como tal no la hay.
Bien, para empezar ya no trabajo en dicha sección, por un asunto que mas adelante detallaré, pero, eso de que no hay cultura lejos de molestarme, me da cierta pena, pues que lo digan dos personas que admiro y ciertamente son inteligentes y encima casi asegúren no se oferten exposiciones, presentaciones de libros, performance, es contradictorio.
No sé si en comparación a otros estados nuestro ámbiente artístico sea risible, pero y si lo es ¿existe alguien a quién culpar? o, ¿existe sólo a alguien a quién dirigir nuestras demandas?
No es en cierto punto una cooperación mutua entre el hacedor, osea el artista y quien recibe su trabajo promover eso que tan ufanamente se pregona no hay en Guerrero.
He asistido desde el 2008 a unas 30 exposiciones, segura estoy que de hacer mejor las cuentas, solo la mitad habría sido honrada en llamarse como tal: una exposición.
Pero ese ya no es mi trabajo, la legitimación del arte como tal no me corresponde ni como reportera ni como invitada.
Por eso me da franca pena que alguien sostenga con valentía que no existe arte, cultura, y que cuetsione el papel de los creadores, sean estos: escritores, escultores, artistas audiovisuales u otros.
El arte y la cultura están mas vivos que de costumbre, y lo están porque aún existe gente que cree en ellos, que les da voz y voto, que los valida en un mundo de descalificaciones continuas, bajo argumentos de: Si no ha expuesto fuera del estado, es un Don nadie, ¿Quién beca su trabajo?, ¿De dónde es? o en ¿dónde estudio?.
Si ese criterio utilizamos para brindar una cobertura digna en los términos en que un editor puede dar dependiendo su estado anímico, pues, estamos jodidos.
Tristemente la utopía de la objetividad en algunas personas que se dicen conocedoras, merma el talento de quienes día con día debaten con instituciones algunas obsoletas a las nuevas necesidades del creador, a una logística de pueblo y no de una ciudad como Acapulco, que se presume entre otras cosas de ser casi el ombligo del estado, de un artista que se solventa así mismo e incluso se ve en la necesidad de pedir favores a otros compañeros y amigos del gremio que igual atraviesan similares situaciones.
Entonces, de què hablamos cuando no hablamos de cultura?.
Si, lo acepto, la econocmía no da para mucho en lo que resta del año, y con lo que se ve, se escucha y se presiente, no dará tampoco demasiado el año que viene.
Toca como nunca al creador proponer nuevas reglas, porque las que están aunque se rompan cada día, no ayudan en el más ínfimo detalle de la creación.
Los espacios públicos hoy como nunca serán la opción, pero aún con ello, sigue el peor enemigo del arte y cultura -que no son lo mismo, pero aunque no lo sean, tienen lazos de unión, y eso basta- el editor será el que se tome la molestia de no subestimar el trabajo de quien dignamente y como puede logra mantener viva la meta que se propuso al seleccionar vivir en un mundo, que unos dicen burlonamente no existe, y otros prefieren por su estrecho criterio no ver, porque es simple, no pueden reconocer que en Acapulco, y en cualquier pàrte de Guerrero existe más verdad y talento del que pueden soportar.